La ciencia es moralmente neutra, el cientificismo no. La obsesión en convertir a la ciencia en el único modo que tenemos para adquirir conocimiento es lo que se denomina cientificismo.Conforme a él, la moral no puede ser objeto de un estudio independiente, ni siquiera autónomo, sino sólo como simple manifestación expansiva de la ciencia, que deja entonces de convertirse en un método para ser el fin en sí mismo. De esta manera, la ciencia invade un territorio ajeno (la moral) proporcionando (supuestas) respuestas a cualquier cuestión que podamos plantearnos sobre esta disciplina. Es fácil adivinar que el salto en el vacío entre la ciencia y la moral, que utilizo para ejemplificar el cientificismo, entraña naturalmente una visión manipulada del dato empírico. Este es el que nos proporciona la ciencia; pero la visión manipulada es un agregado que es de cosecha propia de los cientificistas. Este agregado, como no es ciencia, es perfectamente prescindible. No es lo mismo ciencia que cientificismo. La ciencia no es más que un método epistemológico, muy útil y exitoso: pero sólo eso. Por tanto, si el cientificista reconociera esto último entonces estaría a su vez admitiendo que manipula la ciencia. Algo que obviamente no reconocerá nunca.
El problema del cientificismo no queda ahí, ni mucho menos. Dado que en su visión de la ciencia ésta tiene que explicarlo todo, de ahí se infiere que el cientificista será una persona especialmente permisiva con todo tipo de ideas no contrastadas, a las que llamará "ciencia" en base más a su propio deseo, que a una realidad debidamente fundada. Voy a poner un ejemplo indirectamente relacionado con el tema de la moral, para que podamos luego trenzar ambos en la argumentación que me propongo. Desde el punto de vista materialista cualquier "herencia" es material salvo la "herencia cultural", que todo el mundo admite que se produce por medio del aprendizaje por imitación en animales y seres humanos. Pero esto es inasumible por un cientificista. Después de todo ¿dónde podemos hallar materialidad en el aprendizaje?
Esta incongruencia obligó a Richard Dawkins a inventar, en 1976, el término "meme", que sería una unidad de herencia cultural, análoga al gen: "Ejemplos de memes son las melodías, ideas, eslóganes, modas textiles, modos de hacer ollas o construir arcos. Así como los genes se propagan a sí mismos en el acervo genético saltando de un cuerpo a otro a través del esperma o los óvulos, los memes se propagan en el mismo acervo saltando de cerebro a cerebro mediante un proceso que en un sentido amplio puede llamarse imitación" (1). La idea ha sido seguida de inmediato por la tropa acrítica que sigue a Dawkins, y entre ellos Daniel Dennet que lo ha utilizado como piedra angular de su teoría de la mente, tan usada por los negacionistas en su propaganda para negar el libre albedrío.Otros han amplificado el concepto meme y han utilizado expresiones como "complejos co-adaptados de memes" o "memeplex".
Ahora bien ¿qué es un meme? "Los materialistas –dice Rupert Sheldrake- prefieren pensar en ellos como en estructuras materiales dentro de cerebros materiales, pero nadie ha encontrado nunca un meme dentro de un cerebro, o ha visto uno saltando de un cerebro a otro". Por supuesto el problema es que los memes no son materia, sino en todo caso patrones de organización o de información. Así pues los memes han constituido un intento materialista de superar el problema de que la herencia cultural no es material; pero se trata de una maniobra retórica, alambicada, artificial y falsa, no de una hipótesis científica que podamos demostrar.
Que el aprendizaje sea un ejemplo de que existe lo no-material en el universo es algo que perturba a los ateos porque se les viene el tinglado encima. De ahí que estén especialmente predispuestos a tragarse sapos como los "memes" o el del "gen egoísta", que también debemos a Dawkins. Pero esta postura cientificista, que lleva a la ciencia más allá de su campo y que no tiene escrúpulos en ampliar lo que es ciencia dándole una apariencia de ciencia a lo que no lo es, entraña también consecuencias morales como dijimos al principio de nuestra entrada.
Es probable que ustedes conozcan superficialmente algo del caso Enron, que conmocionó a las finanzas de todo el mundo al comienzo de este siglo. En resumidas cuentas la historia final de esta multinacional energética es que sus directivos ocultaban las pérdidas astronómicas de la compañía por medio de operaciones comerciales con sus propias filiales (lo que obviamente no es una venta), gracias a la aquiescencia de una de las mayores auditoras del mundo, Arthur Andersen. Cientos de miles de accionistas que confiaban en la compañía perdieron mucho (la mayoría, todo) su dinero. Muchos empleados perdieron su trabajo, entre ellos los que prestaban sus servicios en Arthur Andersen, ya que esta auditora terminó cerrando sus puertas. En Estados Unidos se utiliza la palabra Enron casi como sinónimo de fraude empresarial.
El principal responsable de este enorme fraude tiene nombre y apellidos. Su director, hoy en la cárcel, Jeffrey Skilling. En numerosas ocasiones, Skilling señaló que el libro que más le había impactado en su vida había sido –precisamente- El gen egoísta, de Dawkins (2).Interpretó que el egoísmo era en última instancia bueno incluso para sus víctimas, porque eliminaba a los perdedores y forzaba a los supervivientes a ser más fuertes y eficientes, lo que se traducía en ventajas adaptativas para la especie en su conjunto. ¿Y cómo podría condenar un neodarwinista el comportamiento de Skilling? Él sólo se dejó llevar por su "gen egoísta". ¿O un materialista de la mente? Puesto que su mente está determinada y en absoluto dispone de libre albedrío. ¿Debe entonces Skilling estar en la cárcel, o debería seguir como director de cualquier otra compañía desempeñando sus notables "habilidades"?
Por supuesto también cabe pensar que Skilling es un loco incapaz de leer correctamente a Dawkins y lo que éste quiere decir. Pero lamentablemente la historia está llena de personas como Skilling, que llevan la ciencia más allá de su campo y la expanden en el ámbito moral.En España tenemos un caso no muy conocido hoy día, pero que fue un auténtico escándalo en su momento. Incluso inspiró novelas (3) y una película de Fernando Fernán-Gómez (4).Hablamos de Hildegart Rodríguez.
Aurora Rodríguez Caballeira, la madre de Hildegart, habría hecho los deleites del Nietzsche del superhombre. Educada en un ambiente liberal y autodidacta, Aurora llegó a estar convencida de que podría "fabricar" a una persona que respondiera a un propósito definido en su vida: la liberación de la mujer (en su actual sentido ideológico de género). Para ello, buscó premeditadamente ser madre soltera y educó de tal manera a su hija, Hildegart, que se convirtió en una chica prodigio en todos los campos. Hablaba con fluidez varios idiomas, se licenció en otras tantas carreras en un tiempo verdaderamente asombroso, y triunfó en el campo político (con el PSOE primero y luego con el Partido Federal) y como escritora. Se carteaba con las mayores celebridades internacionales del momento, como Freud. Pero los planes que Aurora tenía para su hija incluían que esta nunca se enamoraría. El enamoramiento es un producto artificial innecesario. Pero su hija terminó enamorándose. Y ella la asesinó al considerar que el experimento había fracasado.
Esta historia atroz no es neutra moralmente. Aurora Rodríguez actuaba bajo el parámetro moral del cientificismo: aquello que ayuda a la especie ha de lograrse por cualquier medio, sin límite alguno (es decir, sin limitaciones derivadas de una moral distinta a la que se extrae de los postulados cientificistas). Después de todo, si el ser humano es una simple máquina compuesta exclusivamente por materia ¿quién puede negar que Aurora tuviese el derecho a experimentar con su máquina? Es la base de los postulados eugenésicos que algunos parecen querer revivir, como si no hubieran aprendido nada de los horrores infaustos del pasado siglo. Deben tener los memes averiados.
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